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Un desafío de la arqueología a la datación de la Sábana Santa por el carbono 14

Por John Jackson, Director del STURP y Fundador del Turin Shroud Center of Colorado

Introducción

En 1998 se celebró el centésimo aniversario de la primera fotografía tomada a la Sábana Santa, realizada por el abogado turinés Secondo Pia. El estudio de la Sábana, aun en aquella temprana fase de su desarrollo, se veía constantemente desafiado —como todavía lo es ahora—; y Secondo Pia tenía entonces también sus detractores[1]. En 1931, Giuseppe Enrie fotografió nuevamente la Sábana. Así, hubo más detalles disponibles para el escrutinio científico gracias a la nueva y mejorada imagen de cuerpo completo, aunque en un formato en blanco y negro[2].

Científicos franceses como los doctores Delage, Vignon y Barbet, siguiendo los pasos y el respeto obtenido por los celebrados “grandes científicos” franceses de fines del siglo XIX, Louis Pasteur y Gustav Eiffel, presidieron la investigación sobre la Sábana Santa durante la primera parte del siglo XX.

Durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial —época en la que el sacerdocio católico recibió un respetuoso y destacado reconocimiento y protagonismo en los medios de comunicación internacionales, gracias, en gran medida, al pionero de la televisión católica en Estados Unidos, el desaparecido obispo Fulton J. Sheen— el estudio de la Sábana fue llevado a cabo por enérgicos e indagadores sacerdotes católicos, tales como el padre Werner Bulst, el padre Edward Wunschel y Monseñor Giulio Ricci. Estos clérigos conjugaron su propio estilo de investigación científica con la teología de la Pasión de Cristo, y obtuvieron por sus esfuerzos reconocimiento a nivel mundial[3].

La Sábana Santa: un estudio científico, un estudio desde la fe

La Sábana de Turín es una tela grande, rectangular, de lino, que mide 14 pies 3 pulgadas por 3 pies 7 pulgadas. Se le denomina Sábana de Turín porque actualmente se encuentra en la ciudad de Turín, en el norte de Italia. Esta tela apareció por primera vez en el continente europeo, en Francia, en el siglo XIV. Quizás el patrón más evidente que se nota en la tela es una serie de marcas paralelas de quemaduras y sus respectivos parches, resultado de un incendio que sufrió la Sábana el 4 de diciembre de 1532. Además, se puede apreciar en ella un patrón secuencial de manchas de agua, posiblemente de un tiempo anterior. El reconocido analista de imágenes y fotógrafo turinés Aldo Guerreschi ha hecho un notable trabajo en este campo[4].

De cualquier modo, lo que hace única a la Sábana es la imagen doble (las cabezas se encuentran en el centro del lienzo), de tamaño real, de un hombre que yace entre dos marcas paralelas de quemaduras. Sobrepuestas en la imagen del cuerpo se aprecian numerosas marcas rojizas que parecen ser manchas de sangre. Incluso el más elemental examen de las aparentes manchas de sangre presentes en la Sábana sugeriría que la misteriosa imagen impresa en la tela es la de Jesucristo.

Antes de proceder a discutir las características de la imagen desde la ciencia, me gustaría hacer algunos comentarios respecto a la aplicación de procesos científicos en la investigación de un objeto religioso. Desafortunadamente, la ciencia por lo general es interpretada según un paradigma filosófico secular que implica que, para llevar a cabo una investigación científica rigurosa, se debe prescindir de cualquier consideración teológica. Sin embargo, si la teología cristiana posee algo de la profunda base que subyace a la realidad, la ciencia no puede oponerse a la teología cristiana. La Sábana Santa, al ser objeto de estudio de la ciencia y objeto de reflexión teológica, es un excelente lugar de encuentro entre ciencia y religión.

En el caso de la Sábana nos encontramos —por su aspecto a primera vista— frente a un objeto que podría ser la mortaja histórica de Jesús. Para el cristianismo, un objeto así sería calificado como una reliquia, digna de veneración, dado que está relacionada a Jesucristo. Para la ciencia, por otro lado, el mismo objeto no sería sino un lugar arqueológico portátil, en tela, relacionado a los hechos que dieron origen al cristianismo, esto es, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Desde esta perspectiva, el objetivo de la ciencia sería utilizar varias técnicas no destructivas de análisis para extraer información científica del lugar arqueológico de la Sábana, que permita obtener un conocimiento científicamente correcto de los eventos de los que la Sábana es un testigo directo.

Si la Sábana es la verdadera mortaja histórica de Jesús, es justo pensar que la ciencia pueda ayudar al hombre de hoy a entrar en el sepulcro de Cristo, incluso antes que Pedro y Juan, y observar, mediante el testigo que es la Sábana, los sucesos al interior del sepulcro. ¿Podría la Sábana Santa llegar a brindarnos una descripción física del acontecimiento de la Resurrección misma?

Hitos científicos a lo largo de más de un siglo de sindonología moderna

Aunque había querido aplicar técnicas modernas al estudio científico de la Sábana desde los inicios de la década de los setenta, no fue sino hasta 1974 cuando realmente me comprometí por completo con esta tarea. Ha sido un honor para mí el haber participado en muchos de los hitos de la sindonología.

1) 1898: Descubrimiento del abogado y fotógrafo turinés Secondo Pia de que la imagen de la Sábana es un negativo.

2) 1974: Demostración teórica de que la difusión no puede explicar la resolución de la imagen.

3) 1976: Descubrimiento de que la imagen de la Sábana contiene información tridimensional, con una distancia correlativa entre el cuerpo y la tela de aproximadamente tres centímetros.

4) 1978: Descubrimiento de que la imagen del cuerpo reside microscópicamente en fibras individuales no unidas entre sí por materia coloreada tal como la pintura.

5) 1978: Descubrimiento de que la imagen del cuerpo reside únicamente en las fibras superficiales de la Sábana.

6) 1978: Descubrimiento de que las manchas de sangre de la Sábana se formaron antes que la imagen del cuerpo.

7) 1978: Demostración de que el color visible de la imagen del cuerpo es el mismo que el de las 1532 decoloraciones por quemadura.

8) 1978-1980: Análisis de la información de la expedición STURP de 1978: las manchas de sangre en la Sábana son de auténtica sangre, y la imagen del cuerpo es químicamente celulosa degradada.

9) 1980-1983: Demostración de que la estructura tridimensional de la imagen no podría ser obra de un artista, ni haber sido transferida por contacto directo, ni tampoco podría ser resultado de un mecanismo de radiación/difusión desde la superficie.

10) 1984: Demostración de que la imagen de la Sábana ha sido impresa verticalmente desde un cuerpo.

11) 1986: Demostración del dr. Gilbert Lavoie de que la sangre en el cabello en realidad proviene de los lados del rostro del Hombre de la Sábana.

12) 1987: Descubrimiento de que probablemente la sangre tuvo la capacidad de producir una imagen de sí misma, del mismo modo que lo hizo el cuerpo.

13) 1988: Medición de tres laboratorios internacionales (Zurich, Londres y Tucson) del contenido de radiocarbono de la Sábana que correspondería a un objeto que data del siglo XIV.

14) 1989: Presentación de una hipótesis que sostiene que la imagen de la Sábana podría ser explicada por su caída a través de un cuerpo en radiación. Esta hipótesis es consistente con la correlación tridimensional de la intensidad de la imagen frontal, la naturaleza del contacto directo de la imagen dorsal, la alta resolución de la imagen, la ausencia de imágenes laterales, las estructuras distintivas del cráneo y los pulgares, la ausencia de componentes extra-químicos en la imagen del cuerpo, la naturaleza superficial de la imagen, y la alineación vertical de la imagen sobre el cuerpo (establecida por gravedad).

15) 1991: Descubrimiento de que la imagen de la mano en la Sábana es como una radiografía, mostrando los huesos de los dedos y el pulgar oculto.

16) 1993: Demostración de Rebecca Jackson de que la Sábana muestra a un hombre étnica y culturalmente judío y que presenta características de un entierro judío correspondiente al tiempo de Jesús.

17) 1998: Demostración del dr. August Accetta, usando una técnica de medicina nuclear, de que la imagen de la Sábana es consistente con un radiador de volumen, formando imágenes de estructuras de una profundidad de tres centímetros dentro del cuerpo.

18) 1992-1999: Formulación de la hipótesis del Turin Shroud Center of Colorado de que el manto fúnebre que envolvió a Cristo fue también el mantel usado en la Última Cena, en base al análisis de la liturgia eucarística de católicos, protestantes y ortodoxos.

19) 1999: Demostración arqueológica de que la Sábana de Turín es la Sábana de Constantinopla, que data de los siglos XI y XII.

20) 2000: Institución por las autoridades turineses —bajo la dirección de Metchild Flury-Lemberg— de un nuevo método para guardar la Sábana.

21) 2000: Observación, por parte de científicos turineses, del reverso de la Sábana, donde se insinúa parte de la imagen frontal, mas no de la dorsal.

22) 2002: Demostración del Turin Shroud Center of Colorado de que calentar lino en dióxido de carbono puede alterar el contenido de radiocarbono en la muestra.

23) 2002: Remoción del forro de la tela de la Sábana —realizada por Metchild Flury-Lemberg y su equipo de conservadores turineses— como parte de una reparación de la Sábana. La remoción de la tela de holanda reveló todo el reverso de la Sábana, y una aparente confirmación de una imagen parcial en el reverso, asociada sólo con la imagen frontal.

La realización de este trabajo

Presenté por primera vez este trabajo en el Congreso Internacional sobre la Sábana en Turín, Italia, en 1998. Dado que mi investigación, como también las de mis colegas, el dr. Keith Propp (físico computacional) y Rebecca Jackson (etno-historiadora, especialista en el siglo I) fue avanzando a lo largo de siete años previos a este Congreso de la Sábana Santa en Lima, Perú, en abril del 2005, procedí a presentarla —junto a mi esposa, Rebecca Jackson— para que sea revisada por profesionales en diversas conferencias internacionales sobre la Sábana, por ejemplo en Richmond (1999), Roma (2000), dos veces en Moscú (2000), Edimburgo (2003), así como en seminarios sobre la Sábana de un día en los Estados Unidos, permitiendo así a diferentes estudiosos de la Sábana conocer algunas de las investigaciones que el Turin Shroud Center of Colorado viene realizando, en sus distintas fases de desarrollo.

En este trabajo presentaré lo que consideramos es convincente evidencia arqueológica, tomada directamente de la misma Sábana, sobre la identificación de la Sábana de Turín con la tela expuesta y venerada en Bizancio durante algunos siglos previos al saqueo cruzado de Constantinopla en 1204. Mostraré que la Sábana es anterior, por varios siglos, a la fecha obtenida por el método del radiocarbono.

La investigación que condujo a la conclusión antes mencionada comenzó hace más de veinte años durante el análisis científico de la Sábana realizada por STURP (Proyecto de Investigación de la Sábana de Turín, por sus siglas en inglés), en el que noté que la tela de la Sábana tenía marcas permanentes de dobleces. Al percatarme de que esas marcas de pliegues poseían potencialmente valiosa información histórica sobre el modo en el que la Sábana había sido alguna vez doblada, le pedí a Vern Miller, fotógrafo científico de STURP, que las registrara fotográficamente para un análisis posterior. La técnica utilizada consistió en iluminar la Sábana en un ángulo muy bajo de modo que los sutiles dobleces y arrugas pudieran ser observados mediante las sombras que proyectan en la superficie de la Sábana.

Algunos dobleces eran lo suficientemente claros como para ser vistos en fotografías tomadas con una iluminación normal. En el medio del reverso, como se aprecia en la figura 1, podemos observar un doblez surcando todo el ancho de la Sábana que se interseca con el remiendo realizado a causa del incendio de 1532. Este doblez es significativo, dado que su ubicación, octavo desde el eje central de simetría, muestra que la Sábana estuvo, en algún momento de su historia, doblada en ocho partes a lo ancho.

Si ahora nos desplazamos hacia la mitad de la imagen dorsal, un octavo del largo de la Sábana, encontraremos otro doblez bien definido recorriendo todo el ancho del Manto. Si volvemos a desplazarnos otro octavo a la zona del tobillo de la imagen dorsal, encontraremos secciones de otro inconfundible doblez surcando el ancho de la Sábana.

En las fotografías tomadas con poca luz podemos apreciar en la vista frontal los dobleces faltantes del patrón de ocho, rodeados por miles de muy leves marcas de arrugas. En el centro de la imagen frontal, al nivel de las manos cruzadas, encontramos algo inesperado. En lugar de un solo doblez, como podría inferirse al considerar la simetría, hallamos cuatro dobleces equidistantes extendiéndose a lo ancho de la Sábana, como vemos en la figura 2. Estos dobleces están muy bien definidos, cosa que indica que la Sábana debió de haber estado doblada mucho tiempo de esa manera, para agudizar así las marcas que se formaron.

Antes de analizar la configuración de los dobleces de este curioso patrón, consideremos su antigüedad. Si primero analizamos la fotografía de Secondo Pia de 1898, veremos claramente el doblez atravesando la imagen posterior y parte del cuarteto de dobleces en las manos. Por ello, es claro que el patrón de ocho dobleces ha estado en la Sábana al menos desde el siglo XIX.

Es posible, sin embargo, demostrar empíricamente que esos dobleces son mucho más antiguos. Tenemos la suerte de conocer que el doblez en la imagen posterior dorsal se interseca con el remiendo usado a causa del incendio de 1532, un evento con fecha conocida, así como el hecho de que Bill Mottern y Ron London tomaron en 1978 un rayo X a la Sábana en el que se muestra cómo ese doblez atraviesa material limpio de la Sábana que subyace a uno de los parches[5].

En esta radiografía, mostrada en la figura 3, es bastante evidente que mientras que el fuego de 1532 desintegró tela, ésta mantuvo el doblez. Nótese cómo el doblez se extiende sobre los bordes quemados de la Sábana en ambos lados de la quemadura. Sabemos que la tela del contorno de la quemadura de la Sábana está quemada gracias al color negro intenso que se aprecia en la fotografía de luz transmitida de esta zona[6], tomada por Schwortz en 1978, así como por el lino de color marrón oscuro que rodea el parche.

Encontramos también en la radiografía que la marca del doblez está verdaderamente dividida en varias secciones filamentales en las que el tejido quemado se separó debido a la falta de tensión a causa de la quemadura. El tejido quemado es frágil y no resiste ser plegado sin rasgarse. Sin embargo, notamos que este material frágil y quemado muestra marcas de dobleces, que sólo pudieron haberse producido antes del incendio de 1532. Así, resulta evidente que las marcas de dobleces debieron de haber sido impresas en la Sábana antes del incendio de 1532, cuando la tela estaba intacta. El fuego obviamente consumió la parte de la tela de la Sábana que había sido previamente deformada por el plisado.

Consideremos ahora cómo fue doblada la Sábana para que se formara este particular patrón de ocho dobleces.

Utilizando las fotografías de las sombras para determinar la dirección del pliegue en cada doblez, examinamos las fotografías de 1978 y calculamos la configuración correspondiente al patrón de los ocho dobleces.

El “cuarteto” de dobleces a la altura de las manos presentaba un problema especial. Como los dobleces eran equidistantes, parecía que la hipótesis más simple era que la tela había sido doblada alrededor de un bloque cuadrado agregado a la configuración conjunta de los dobleces. La configuración resultante, que consideramos coherente con la información fotográfica que poseemos, revela un patrón de doblado bastante complejo. Vemos la Sábana doblada cuatro veces, quedando a la izquierda de la división, la mitad que contiene la imagen frontal, y a la derecha, la mitad que contiene la imagen dorsal, como se puede apreciar en la figura 4. La parte de la Sábana con el rostro queda dispuesta de modo que éste pueda ser expuesto en la extrema izquierda.

¿Qué debemos, pues, concluir de esta curiosa configuración? Debido a que las deformaciones ocasionadas por los dobleces son permanentes, se deduce que la Sábana debe de haber estado doblada de esa manera durante mucho tiempo. Más aún, hemos demostrado de manera definitiva que la configuración mostrada es anterior a 1532. La fecha obtenida con la medición por radiocarbono indica que la Sábana no puede ser anterior a 1325, fecha promedio de las mediciones de los tres diferentes laboratorios. En conclusión, esto implicaría que la Sábana debió de haber estado doblada en esta posición por un largo período comprendido entre estos dos límites de tiempo.

Pero, ¿es esto razonable? Ian Wilson[7] proporciona la siguiente información referente a la Sábana, que fue guardada en Chambéry, Francia, en 1483: «Envuelta con una seda roja, y reservada en una caja, forrada en terciopelo carmesí, decorada con clavos plateados, y protegida con una cerradura dorada». Aunque no brinda información explícita sobre cómo estaba almacenada la Sábana en esa época, la cita, que menciona que la Sábana estaba envuelta en una seda roja, afirma un hecho que no es fácil de relacionar con la compleja configuración del doblado de la Sábana que hemos deducido. No queda claro cómo podría haber estado envuelta en esta seda roja y al mismo tiempo doblada según la compleja configuración que le ocasionó las agudas marcas de dobleces.

En base a representaciones artísticas de las exhibiciones de la Sábana en Europa anteriores a 1532, notamos que la Sábana siempre ha sido mostrada en toda su longitud. Un ejemplo temprano de esto puede verse en el famoso medallón conmemorativo de fines del siglo XIV[8].

Si la Sábana hubiera estado doblada en ocho, según la manera que hemos determinado, se deduce que, para cada exposición, la Sábana necesariamente hubiera tenido que ser desplegada, perdiendo su compleja configuración de almacenaje. Por consiguiente, tras cada exposición, hubiera sido necesario doblarla nuevamente con cuidado exactamente de la misma manera cada vez, para así permitir las acentuadas señales de los dobleces impresas en la tela. Se ve claramente que hacer esto hubiese sido bastante impráctico y poco lógico. Lo más razonable, por ello, sería proponer que este proceso nunca se realizó, pues el patrón de los dobleces es anterior al siglo XIV, siglo en el que la Sábana entró a formar parte de la historia europea.

Existe, sin embargo, una razón muy simple por la que la Sábana debió de haber sido doblada de la manera como hemos concluido. Esta configuración permite que la Sábana sea izada desde su posición de almacenamiento de modo que la imagen frontal pueda ser vista. El padre Pfeiffer nos sugirió esta posibilidad justo después de nuestra presentación en 1993, en Roma, sobre nuestro estudio en las marcas de dobleces, en una fase previa de nuestra investigación. A nuestro regreso de este encuentro, pudimos demostrar, sin ninguna modificación a nuestra configuración de doblado previamente deducida, que esta teoría era ciertamente posible.

Un modelo de trabajo en tamaño real

Empezamos construyendo un modelo de trabajo de tamaño real de este concepto para ver si era efectivamente viable. Fabricamos entonces una copia de tamaño real de la Sábana con las imágenes frontal y dorsal dibujadas en ella en una dimensión correspondiente. Luego, como apreciamos en la figura 4, doblamos el modelo según la descripción obtenida en nuestro análisis previo. En esta reconstrucción, vemos que nuestra copia de la Sábana envuelve, a la altura de las manos, un bloque cuadrado (señalado con la letra “F”). También pudimos notar que la copia de la Sábana envuelve el bloque una segunda vez. Luego insertamos esta sección de tela entre dos tablas que fueron después firmemente atadas en sus extremos ligeramente sobresalientes de la copia de la Sábana. Finalmente aseguramos el reverso o parte dorsal a estas tablas. El resultado final fue que la Sábana puede ser retirada de la configuración de doblado simplemente elevando las dos tablas en que se apoya, como se aprecia en el lado izquierdo de la figura 5.

Esto sólo sería un ejercicio interesante si no fuera por el hecho de que en la Iglesia Oriental existe un extraño icono llamado de la Extrema Humildad, también conocido como el Varón de Dolores en Occidente, que representa esto mismo (ver el lado derecho de la figura 5). Este icono muestra a Cristo emergiendo de una caja con los brazos cruzados frente a sí, justo como en la Sábana.

En muchos casos, la caja parece ser muy pequeña para contener todo el cuerpo de Cristo. Sin embargo, vemos que Cristo sale de ella. De cualquier modo, una manera de darle sentido a esta incongruente imagen es proponer que el icono de la Extrema Humildad no pretende mostrarnos al Cristo histórico como tal, sino más bien una época, en la que lo que conocemos como la Sábana de Turín era conservada de modo que podía ser mecánicamente elevada e introducida nuevamente en su relicario simplemente izándola, algo a lo que los bizantinos estuvieron bastante acostumbrados.

El hecho de que la Sábana haya sido expuesta de la misma manera como aparece en el icono de la Extrema Humildad, parece ser sustentado por el conocido Roberto de Clari en su Conquista de Constantinopla[9] de inicios del siglo XIII: «Y entre otras más, había una iglesia a la que llamaban Nuestra Señora Santa María de Blachernae, donde se conservaba la Sábana en la que Nuestro Señor había sido envuelto, que era levantada verticalmente cada viernes, de modo que permitía apreciar las características de nuestro Señor en ella. Y nadie, ni griego ni francés, supo nunca qué sucedió con la Sábana después de que la ciudad fue tomada».

Encontramos también otra interesante relación. Los iconos de la Extrema Humildad siempre muestran a Cristo saliendo de la caja hasta el nivel de las manos, pero no más. Nuestra configuración de doblado, sin embargo, proporciona una razón interesante para que esto sea así. Resulta que cuando la copia de la Sábana es levantada, la barra cúbica que produce el patrón de cuatro marcas de doblez, evita que ésta supere ese nivel.

La Sábana de Turín y el icono de la Extrema Humildad

Es nuestra opinión, y de hecho nuestra conclusión, que la Sábana de Turín y este icono son uno y el mismo. Esta relación es posible gracias a la existencia de marcas permanentes del patrón de doblado en la Sábana. Pero resulta que todavía hay más evidencia para sustentar esta conclusión, también encontrada en la Sábana.

Si miramos la ubicación en la Sábana de nuestras hipotéticas tablas usadas para levantarla, encima del bloque cuadrado, encontramos una franja decolorada, mostrada en la figura 6, que recorre todo el ancho de la Sábana. Curiosamente, el ancho de esta franja equivale al del espacio entre cada una de las marcas de doblez vistas en la figura 2. Más aún, en nuestra reconstrucción de la configuración de doblado (ver figura 4) encontramos que esta franja de decoloración se alinea directamente sobre esas marcas de doblez, hecho que es más que una coincidencia.

Opinamos, consiguientemente, que esta franja decolorada está íntimamente asociada y es parte del patrón de ocho dobleces de la Sábana. El hecho de que esta franja decolorada exista, confirmaría que la Sábana estuvo doblada según el patrón de ocho por un muy largo período de tiempo.

En nuestros estudios, hemos retirado la copia de la Sábana de nuestro modelo de la caja de exposición en la que la Sábana ha permanecido por cerca de cinco años, sin haber sido nunca retirada. Únicamente elevamos la copia de la tela periódicamente para observarla. Encontramos que nuestra copia de la Sábana desarrolló, en ese tiempo, un patrón de doblez en ocho, justo como el de la Sábana.

No pudimos observar, sin embargo, ninguna franja decolorada entre las tablas localizadas en D1 y D2. A partir de esta circunstancia, concluimos que una configuración de almacenamiento como la que hemos propuesto, efectivamente dejaría impresas tales marcas de dobleces en la Sábana. La existencia de una franja decolorada en la Sábana, sin embargo, posiblemente podría significar que la Sábana estuvo permanentemente dispuesta de este modo por períodos de tiempo superiores a los cinco años, tratándose con mayor probabilidad de siglos.

Mientras que las similitudes entre el icono de la Extrema Humildad y la Sábana no son nuevas, creemos que las marcas de los dobleces permanentes hallados en la Sábana proveen, por primera vez, una convincente conexión entre la Sábana de Turín y el icono de tiempos bizantinos.

Más aún, pensamos que la Sábana debió de haber sido el modelo para este icono, y no al revés. Prescindamos de cualquier idea de que la Sábana sea creada según el contexto proporcionado por la tradición del icono de la Extrema Humildad. Todos los iconos de la Extrema Humildad, por ejemplo, son pinturas. Sin embargo, las evaluaciones químicas y microscópicas de la Sábana, de modo particular las de los doctores John Heller y Alan Adler, muestran convincentemente que la Sábana no es una pintura. Más aún, los iconos de la Extrema Humildad sólo muestran a Cristo de la altura de las manos hasta el final de la cabeza. La Sábana, por su parte, muestra más que esto, representando las figuras frontal y dorsal de Cristo, algo que sería totalmente innecesario si la Sábana fuera sólo una obra de arte originada debido a una preexistente tradición icónica. Consecuentemente, la Sábana de Turín sólo podría ser el modelo y el origen de esa tradición.

Por tanto, consideramos que la íntima relación entre los elementos encontrados en la Sábana de Turín y la tradición del icono de la Extrema Humildad de la Iglesia Oriental debería eliminar la especulación respecto a si la tela que conocemos como Sábana de Turín en Europa es la misma que existió en Bizancio y fue vista por Roberto de Clari en 1203 en Constantinopla. Las relaciones son demasiado sólidas como para considerarlas simples coincidencias. La Sábana todavía mantiene las reveladoras marcas de dobleces y las decoloraciones, testigos de aquel tiempo en su larga historia, el de Bizancio.

Respecto a la época en que la Sábana fue mostrada a la manera del icono de la Extrema Humildad, notamos que ésta ha de ser anterior al siglo XIV. Numerosos ejemplos de estos iconos pueden ser encontrados a partir del siglo XII en el arte de Bizancio, y más tarde en el europeo. Muchos ejemplos muestran a Cristo emergiendo de una caja con las manos cruzadas frente a él, tal como en la Sábana[10]. Parte de la tradición consiste en que la cabeza está ligeramente inclinada hacia el hombro. En la Basílica de la Santa Cruz, en Roma, existe un ejemplo de esto, que consiste en un exquisito y fino mosaico de piezas pequeñas[11]. En el Museo Bizantino de Kastoria, Grecia, podemos ver un ejemplo de la segunda mitad del siglo XII en témpera sobre madera[12]. Aunque no vemos la posición de las manos, queda claro que es el icono de la Extrema Humildad, también conocido como el Varón de Dolores. Hans Belting, que ha estudiado al Varón de Dolores en detalle, concluye que la tradición icónica tiene un origen bizantino que data, aproximadamente, de fines del siglo XII.

A partir de esto podríamos afirmar que la Sábana, de la que claramente la tradición del Varón de Dolores se origina, estuvo expuesta según la posición mostrada en el icono de la Extrema Humildad por, probablemente, la mayor parte del siglo XI y posiblemente también en el siglo X, para que así haya habido suficiente margen de tiempo como para que se iniciara la tradición del Varón de Dolores a fines del siglo XI. Por ello, la Sábana debió de haber estado expuesta hasta que Roberto de Clari la vio a comienzos del siglo XIII, es decir, durante más o menos dos siglos.

Nótese que este análisis histórico ubica a la Sábana de Turín aproximadamente tres siglos antes de la fecha obtenida por el radiocarbono (inicios del siglo XIV), y deja la puerta abierta para una fecha muy anterior, quedando pendiente un seguimiento histórico más profundo de la Sábana del Varón de Dolores de Bizancio, que hemos demostrado es la Sábana de Turín. Consideramos que la importancia de esto no consiste en que hayamos agregado tres siglos de antigüedad a la Sábana respecto a la fecha de la medición del radiocarbono, sino que también la relación de las marcas de dobleces remonta la Sábana hacia el mundo bizantino, superando su historia europea.

Conclusión

La importancia del argumento basado en las marcas de los dobleces hallados en la Sábana de Turín radica en que podemos sacar la Sábana, como un objeto físico, de su contexto europeo, que va desde la Edad Media hasta el tiempo presente, y ubicarla en la cultura bizantina a principios del segundo milenio. Esto no sería rigurosamente posible si sólo considerásemos la imagen en sí misma y la comparásemos con iconos bizantinos y reportes de telas portando la imagen de Cristo, porque siempre cabría la ambigüedad referente a la continuidad histórica del medio físico (por ejemplo, la tela) en el que puede constar la referida imagen. En cambio, con el argumento de las marcas de los dobleces aquí presentado, podemos mostrar la continuidad histórica de la Sábana como un objeto físico. Por ello, podemos ahora estar seguros de que cuando reconstruimos la historia de la Sábana bizantina de Cristo, también estamos reconstruyendo una historia pre-europea de la Sábana de Turín.

Nos preocupa que los conservadores intenten eliminar las marcas de doblez, dado que éstas son muy importantes para conectar la Sábana de Turín con el primer milenio. Tenemos la misma preocupación por el material quemado debajo de los parches, pues servirá para demostrar a las generaciones que nos sucedan, la antigüedad de las marcas de doblez con respecto a la configuración de doblado acorde a la Extrema Humildad.

Finalmente, es obvio que la identificación arqueológica de la Sábana de Turín con un antiguo icono oriental anterior al siglo XIV implica que la fecha del radiocarbono, que señala el siglo XIV, tiene que ser un serio error.

 


Notas 

[1] Ver Luigi Fossati, S.D.B., La Sacra Sindone: storia documentata di una secolare venerazione, Elledici, Turín 2000, pp. 230-238.

[2] Ver allí mismo, pp. 239-241.

[3] Ver allí mismo, p. 257. El padre Werner Bulst continuó la tradición de los sacerdotes alemanes que eran también naturalistas, como el padre Gregor Mendel. En su trabajo The Small Grains of Pollen of the Shroud of Turin, el padre Bulst enuncia los nombres de plantas y flores, sumando más de 58 especímenes.

[4] Se pueden ver los estudios fotográficos y de computadora de Aldo Guerreschi referentes a las manchas por quemadura y de agua observables en la Sábana en: www.shroud.com.

[5] Ver R.W. Mottern, R.J. London y R.A. Morris, Radiographic examination of the Shroud of Turin, American Society for Nondestructive Testing (Materials Evaluation), diciembre de 1980.

[6] Ver Ian Wilson, The Mysterious Shroud, Doubleday, 1988, figuras 11 y 12.

[7] Ver Ian Wilson, The Blood and the Shroud, Weidenfeld & Nicolson, 1998.

[8] Ver Ian Wilson, The Shroud of Turin, Doubleday, 1978.

[9] Robert of Clari, The Conquest of Constantinople, W.W. Norton & Co., 1936.

[10] Ver Hans Belting,  The Image and Its Public in the Middle Ages, Aristide D. Caratzas, 1981.

[11] Ver Louis M. La Flavia, The Man of Sorrows, 1980, figura 8.

[12] Ver Hans Belting, ob. cit., figura 49.